lunes 4 de julio de 2011

Honestamente ya no sé que hacer conmigo, siento que ya nada me llena.

Leí por ahí que se llama insatisfacción Crónica.
la filosofía del Internet. JA

martes 28 de junio de 2011

Nombres malditos, Malditos hombres.

Tengo afección por ciertos nombres, así es, parece que las fuerzas superiores me han programado para que me gusten personas con esos nombres. Lo más interesante del asunto es que tan sólo son tres, y cada uno de ellos tiene ,casi siempre, el mismo fin.

Carlos, vaya, ese nombre sólo no funciona conmigo y vaya que he tenido varios "intentos" (y es el nombre con más intentos), por alguna razón siempre termina bien o se queda a medías o nada, claro después de todo el drama emocional que se merece.

Miguel: bueno este sólo han sido dos intentos. El primero empezó bien ,terminó bien y sigue bien. El segundo intento fue más o menos un drama que terminó con muchos malentendidos por las dos partes, claro sin nada de comunicación, yo creo que fue el exceso de la misma.

El tercero son nombres que tienen como inicial, letras del abecedario que van de seguido D,E y F. Tan extraño que ni vale la pena mencionar las historias.

Me pregunto si la maldición viene con el nombre, o nosotros le ponemos el nombre a la maldición.

domingo 26 de junio de 2011

Me he dado cuenta que confió en las personas que no conozco, deposito grandes expectativas y simplemente confió mucho, como si en el mundo no hubiese malicia, solo el sentimiento de creer en algo.

Con el tiempo, te vas decepcionando de todo, poco a poco pero ¿Por qué hacerlo?, es decir ¿qué sucede cuando uno se decepciona de uno mismo, cuando ya no podemos creer en nosotros?.

La realidad nunca es como la percibimos y al parecer, en nuestra mente es una cosa, la gente la ve de otra manera, pero todos al mismo tiempo tenemos una visión diferente de la realidad. Cuando se llega a un consenso es cuando todo se junta, cuando todos lo vemos igual, pero, ¿ Esto no es corromper la esencia de de uno? Cada individuo cree en lo que quiere creer. Pero si no creemos en nosotros mismo, no podemos absorber lo que sucede a nuestro alrededor y simplemente lo vemos, como entes .

lunes 20 de junio de 2011

And although my pride is not easily disturbed you sent me flying when you kicked me to the kerb With you battered jeans and your beastie tee

Probablemente lo supo al verlo llegar mientras fumaba, presentía que cada vez que sus labios tocaban el cigarro era una palabra menos que debía descifrar, una palabra menos que debía de entender.

Traía puesta la camisa amarilla que durante los 5 años que estuvieron juntos siempre odio, pero como siempre, nunca busco una manera de decírselo, la realidad no era esa, no ahora, lo que lo inquietaba tanto era el hecho de que fumara tanto, fumaba, si, pero no tanto; sabia que algo estaba mal.

Cada paso era un recuerdo del tiempo que pasaron juntos, como cuando dicen que alguien va a morir y ve su vida antes, algo parecido, pero ahora alguien no iba a morir, iba a morir algo que los había unido tanto tiempo.

Cada vez que se llevaba el cigarro a la boca daba un paso, inhalaba y exhalaba, movía la cabeza y veía a los lados aún así, la luz del atardecer le daba en la cara, y él sentado en esa larga banca de cemento, duro cemento, afuera de ese lejano lugar que los unió.

Lo había citado ahí horas antes, el tono de su voz mientras hablaban auguraban lo que pasaría, pero ahora estaba cerca y tenía una bufanda, él no usaba bufanda-“es de putos”-pero ahora la tenía. Un sentimiento de confusión, era tan extraño lo que veía acercarse.

Llegó a donde estaba, sin voltear a mirarlo y viendo a la nada, prendió un cigarro inhalo y él sintió que jalo lo último que quedaba entre los dos, seguía viendo a la nada, exhalo el humo y lo dejo ir.

domingo 19 de junio de 2011

Ni allá ni acá.

Estoy en la búsqueda de todo, pero en la cercanía de la nada.

Cada momento que pasa es como un grano de arena que simplemente va cayendo. Todo se ve plano, y es plano, no sé que hacer para darle un sentido. Me siento en un interminable ciclo de aburridas cosas que no me llevan a nada, la misma gente, los mismos lugares, los mismos sentimientos, todo es lo mismo, lo mismo, lo mismo.

Aveces mientras trabajo ruego que pase algo que desvirtué lo tedioso de la situación, un choque, un asalto.

Mis ironías por algo de emoción, ¿Alguien se apunta?

jueves 9 de junio de 2011

Me Caigo y me Levanto


Nadie puede dudar de que las cosas recaen. Un señor se enferma, y de golpe un miércoles recae. Un lápiz en la mesa recae seguido. Las mujeres, cómo recaen. Teóricamente a nada o a nadie se le ocurría recaer pero lo mismo está sujeto, sobre todo porque recae sin conciencia, recae como si nunca antes. Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado. A esa blancura, ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablamos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada.
Contra lo que pasa se impone pacientemente la rehabilitación. En lo mas recaído hay siempre algo que pugna por rehabilitarse, en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda, en los poemas de Pérez, en Pérez. Todo recayente tiene ya en si un rehabilitante pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. Un caracol segrega y una nube aspira; seguramente recaerán, pero una compensación ajena a ellos los rehabilita, los hace treparse poco a poco a lo mejor de sí mismos antes de la recaída inevitable. Pero nosotros, tía, ¿cómo haremos, cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído si por la mañana estamos tan bien, tan café con leche, y no podemos medir hasta dónde hemos recaído en el sueño o en la ducha? Y si sospechamos lo recayente de nuestro estado, ¿cómo nos rehabilitaremos? Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba a abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está. Probablemente Ícaro creía tocar el cielo cuando se hundió en el mar epónico, y Dios te libre de una zambullida tan mal preparada. Tía, como nos rehabilitaremos?

Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvidó que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa. En efecto somos lo más que somos porque nos alteramos, salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios. Un recayente es entonces un desalterante, de donde se sigue que nadie se rehabilita sin alterarse. Pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia: nuestra condición es la recaída y la desalteración, y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera, que por lo demás ignoro. No solamente ignoro eso sino que jamás he sabido en qué momento mi tía o yo recaemos.

¿Cómo rehabilitarnos, entonces, si a lo mejor no hemos recaído todavía y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados? Tía, ¿no será ésa la respuesta, ahora que lo pienso? Hagamos una cosa: usted se rehabilita y yo la observo.Varios días seguidos, digamos una rehabilitación continua, usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo. O al revés, si prefiere, pero a mi me gustaría que empezara usted, porque soy modesto y buen observador. De esa manera, si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación, mientras que usted no le da tiempo a la recaída y se rehabilita como en un cine continuado, al cabo de poco nuestra diferencia será enorme, usted estará tan por encima que dará gusto.

Entonces, yo sabré que el sistema ha funcionado y empezaré a rehabilitarme furiosamente, pondré el despertador a las tres de la mañana, suspenderé mi vida conyugal y las demás recaídas que conozco para que sólo queden las que no conozco, y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos, tía, y será tan hermoso decir: "Ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado, el mío todo de frutilla y el de usted con chocolate y un bizcochito.

lunes 20 de diciembre de 2010

I Put a Spell on you

Lo conoció en un café una tarde lluviosa cuando se lo presento uno de sus amigos.Al verlo sintió una atracción que no había conocido, sus ojos lo buscaban como si estos Se manejaran solos, pero él no lo volteaba a ver y no lo haría, no al menos esa noche.

Tres meses después, se subió un camión; la que prometía ser una tarde cualquiera fue más que eso, levanto la mirada y hasta atrás estaba él, viendo hacia afuera a través de la ventana. El sol del atardecer le daba en la cara, reflejándose en sus ojos marrones, nuevamente sintió lo mismo que en el café, sus ojos volvían a tener vida propia y no podía dejarlo de ver.

Pero esta vez, sus ojos lo llamarón y él volteo, lo vio y le sonrió, lo sintió como una invitación y se sentó junto a él hablaron, pero cuando se dieron cuenta, estaban en su departamento quitándose la ropa, sintiendo como sus labios viajaban por su cuerpo para terminar en su boca y perderse ahí mismo. Sus lenguas se movían como un pez en el agua, de un lado a otro. Nunca había sentido tanta intensidad en algo tan carnal, pero ahora no era sólo eso lo que debía sentir.


El se despidió y sólo dijo: Adiós .Salió por la puerta dejándolo sin la certeza de que regresaría pronto.


Dos semanas después, él toco a su puerta, abrió y lo invito a pasar. La noche tenía el clima perfecto para que fuera memorable, escucharon música, fumaron, vieron en el balcón la luna y bajo la misma, se besaron. Una cosa llevo a la otra poco a poco su cuerpo fue uno solo en esa noche que quizá prometía mucho, pero no decía nada.

Despertaron abrazados. Él se levanto y dijo: Me voy.

¿Quieres desayunar algo? Le pregunto

Y él sólo respondió: no, pero te veo hacerlo.

Mientras estaban sentados en la mesa, tomaba un vaso de leche fría, él lo veía fijamente sin decir nada, descubrió que esa noche había sido la última y él lo sabía, pero no se lo decía. La leche se acabo se levantaron y fueron a la puerta. Lo beso, él le estrecho la mano y se fue cuando apenas amanecía.


Sólo se quedo con su nombre y no supo nada más de él.